Promovido por el Gobierno y facilitado por una reciente
modificación de la Ley Concursal, el conocido como "Proyecto Fénix
" supone el acuerdo de los seis grandes bancos españoles
(Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Popular y Sabadell) para constituir el
primer fondo o "banco malo" de rescate de compañías muy
apalancadas que, en su situación actual, no son capaces
de generar tesorería suficiente para hacer frente al servicio de su deuda pero cuentan
con un modelo de negocio que podría hacerlas viables, a juicio de sus
banqueros, que ahora pasarán a convertirse en accionistas. A diferencia de la
Sareb el nuevo fondo, en el que los bancos podrían invitar a participar a otros
inversores financieros, no contará con aval del Estado. Aunque el objetivo
'oficial' del fondo es evitar la liquidación de otras 65.000 compañías, para
los bancos la principal prioridad probablemente sea evitar la dotación de
provisiones adicionales por estos créditos "malos", y el lastre que ello supondría para sus
cuentas de resultados, mediante un compromiso del Gobierno que tratarán de
asegurar, antes de dar su beneplácito al Proyecto, después de que el sector en
su conjunto volviera a la rentabilidad en 2013, precisamente gracias a haber reducido las dotaciones por morosidad. Si además, consiguen mejorar las expectativas de
recuperación de su deuda por encima de lo provisionado hasta ahora pues mejor
que mejor.